
La oposición del presidente George Bush a reconocer el
Genocidio armenio por los turcos, a comienzos del siglo XX, muestra que hoy el Ejecutivo, en Estados Unidos, abandona gradualmente la bandera de los derechos humanos y la defensa de los pueblos sojuzgados. En vez de reivindicar la memoria, opta por sumarse a los que la niegan. Pudiendo aportar a una futura reconciliación entre
turcos y
armenios, prefiere una indecorosa prescindencia. Análisis para
La Nación de Juan Gabriel Tokatlián.
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